sábado, 31 de diciembre de 2016

Sílbame una nana

-Para mí no es ninguna sorpresa que hayan sido precisamente ellos los que al final se han hecho con el poder. - comentó el viejo clérigo tras aclararse la voz.  Su pequeño cuerpo escuálido apenas ocupaba una mínima porción de la mecedora en la que estaba sentado.
Mílades y Toren permanecieron a la espera de que el anciano siguiera hablando, pero éste quedó en silencio mesándose el bigote.
-¿Y qué significa esto? - preguntó Toren.
-Pues significa que ahora ellos mandan.  En todo.
-¿Habrá cambios?
-¿Cambios?  Claro.  Habrá cambios.  -  continuó acariciándose el bigote.
-¿En las doctrinas carbonistas?
El monje no pareció siquiera escuchar a Toren.  Mílades instó a su marido para que hiciera más preguntas.
-¿Fater?
-¿Mmmh?
-Los totsitas...  Corren ciertos rumores sobre ellos, no sé si usted sabrá a lo que me refiero.
-Sí, se dicen muchas cosas sobre la Orden de Caballería de Totsic.  Muchas, muchas cosas.
-Y... ¿son ciertas?
-Cierto es que entre sus prácticas religiosas hay algunas actividades poco usuales para las órdenes carbonistas.  Sorprendentes incluso, diría yo.  Es impresionante lo rápido que ha crecido su influencia.  Cuando yo era joven, no debían tener más de tres o cuatro monasterios en todo el país.  Claro, aquellos eran otros tiempos.  En esa época no había tantos caminos comunicando las regiones como los hay ahora.  Vamos, uno tenía que pensárselo muy bien si quería viajar, porque los caminos era muy, muy, muy peligrosos.  Tanto, que si un día quería uno peregrinar a Göinsper, por ejemplo, antes había que...
-Los totsitas, Fater.  - interrumpió Mílades con impaciencia.
-Sí. - el viejo clérigo se recolocó en la mecedora.  -Tienen costumbres muy raras, y mirad a dónde han llegado.  Nadie se lo habría creído, pero a mí no me sorprende nada, no señor.
Mílades lanzó otra mirada a Toren para que insistiera, pero éste contestó a su esposa encogiendo los hombros.
-Fater, - comenzó diciendo la propia Mílades -estamos preocupados por Guiguelet, nuestro hijo, el pequeño.  Le hemos mandado a un convento en el ducado de Hraninburgo.
-Mmmh.
-¿Entonces?
-¿Mmmh?
-¿Van a hacer totsita a mi hijo?
-Oh, sí, sin duda.  ¿Ahora que ellos dictan las normas?  Sin duda.  Con todo lo que conllevan sus ritos iniciáticos.  Sí, sí.  No os quepa duda de que la próxima vez que veáis al chiquillo Guiguelet será todo un caballero de la Orden de Totsic. - el clérigo aprovechó para hurgarse la nariz mientras se mesaba el bigote.