jueves, 29 de febrero de 2024

Pifone

La pala del recluta Olfred rebotó contra el hielo con un violento chasquido y se le escapó de las manos.

- ¡Chapristi! Qué dura está esta mierda.

Abrió su saco y de una pequeña caja extrajo una broca que colocó entre sus labios mientras rebuscaba otra cosa. Por fin encontró el taladro, pero el grosor de sus guantes no le permitieron ajustar la broca, y ésta cayó al suelo. Se arrancó los guantes con resignación y se agachó a buscar la broca. Finalmente, la encontró y la ajustó al taladro con dificultad. Se dispuso a taladrar el hielo, pero cuando encendió la herramienta, no ocurrió nada.

- Mi valva me estrelle. La puta batería, ¡eh!

Soltó el taladro con frustración y se dispuso a rebuscar en el saco de nuevo. Al fin encontró una batería de recambio y la sostuvo debajo del brazo mientras recogió el taladro para extraer la batería antigua. Logró cambiar la batería con éxito, lanzó la antigua al saco y se volvió a agachar para taladrar el hielo. Pulsó el interruptor, pero de nuevo nada pasó.

- ¿Qué jábalos...?

Inspeccionó el taladro. Con manos temblorosas por el frío, sacó la batería para volver a insertarla, pero se le resbaló y cayó al suelo. La recogió y la puso en su sitio. Encendió el taladró y nada ocurrió.

- ¡A rayar escándalos tu puta olleriza! Verás marranga.

Tiró el taladro al suelo y extrajo un subfusil de asalto del saco. Insertó el cargador, retiró el seguro y amartilló el arma. Apuntó hacia el hielo y presionó el gatillo con todas sus fuerzas, pero éste no se movió ni un ápice.