Los astros en combustión más cercanos han ardido intensamente sobre playas de óxido durante los últimos tiempos. Los sabios de las poblaciones tribales costeras Wuhaovíes han vaticinado que el fin del mundo está próximo.
Todos los habitantes, reunidos en la plaza central, se despiden en silencio de un grupo de jóvenes vigorosos: ocho campeones, varones y hembras, provenientes de todas las tribus de la costa. Representan un último intento desesperado por preservar la raza y la cultura Wuhaoví. Una vez se han marchado, el resto de la población aguarda el posible momento final en paciente resignación, lo cual otorga a la noche una atmósfera mística, inquietante y absolutamente apacible.
El aroma del mar y del óxido de cobre caracterizan al sitio con su esencia particular. Un soldado chamánico guía a los campeones de las tribus a través de la arena metalizada. Con un gesto les indica que será preciso nadar, tras lo cual se introduce en el mar sereno y se sumerge con lentitud. Los otros le siguen solemnemente.
Todos bucean bajo las olas hasta llegar a un arrecife gigante de forma piramidal. Allí, el chamán les señala un estrecho hueco en la roca cobriza, una especie de cueva submarina que abre un camino descendiente hacia el interior del arrecife. Está muy oscura. Sin mostrar el menor miedo, los campeones entran uno a uno y van desapareciendo para siempre de los límites conocidos por las civilizaciones vigentes.
Tras un tiempo buceando pendiente abajo y a oscuras, los campeones se topan con una curva ascendente, por la que suben hasta divisar la luz verdosa de la prometida superficie. Aliviados, salen del agua y comienzan a explorar el nuevo entorno. No hay cielo ni astros. Se encuentran en una singular cámara submarina iluminada por el aura resplandeciente de cientos de pequeñas esferas verdes que cuelgan de las paredes. Es un espacio asombrosamente extenso, cubierto de arena cobriza y algunos matorrales con diversos frutos desconocidos.
El que caminaba el primero, de pronto se da la vuelta, y tras lanzar una aguda mirada al resto les anuncia:
-Ya no sois mis hermanos. Ahora yo soy vuestro rey.