He de reconocer que aquellos gigantescos asteroides costeros que vimos anoche despertaron en mi interior un fuerte sentimiento de nostalgia, interrumpido en cuatro ocasiones por una mezcla de furia destructora, jaqueca e hipersexualidad, que a su vez contenían intermitentes interludios psicodélicos, señal de la más clara y absoluta incompetencia y religiosidad ferviente.