Centaurov- Partiremos en busca del Sagrado Cronómetro.
Suzzi- ¿El Sagrado Cronómetro? Pero... ¿Porqué?, ¿cuándo?
C- Mañana al mediodía. Órdenes divinas.
S- Pero... ¿El Sagrado Cronómetro? Ni siquiera sabemos si existe.
C- Confiaremos en que existe.
S- Es una locura.
C- Es una órden divina.
S- No lo puedo creer...
C- Ten fe.
S- ¿Y por dónde se supone que vamos a empezar?
C- Eso todavía no lo he pensado.
S- Joder. Y aunque lo encontremos...
C- Lo encontraremos.
S- Ya, pero aunque lo encontremos: ¿cómo vamos a saber que ése es el Cronómetro Sagrado...?
C- Sagrado Cronómetro.
S- Como sea. Lo que quiero decir es que ¿cómo se supone que vamos a reconocer el Sagrado Cronómetro de cualquier otro cronómetro normalito que veamos por ahí? Vamos, por esta regla podríamos haberlo visto ya y no habernos dado cuenta. Podríamos incluso haberlo visto muchas veces. Podríamos hasta tenerlo delante de las narices y no darnos cuenta. Mira, creo que hasta yo tengo un cronómetro por aquí. Podríamos salir y buscarlo por todo el universo, por todas las putas galaxias y cada puto planeta y sus satélites, y qué coño, podríamos hasta buscarlo por cada puto plano espacio-tiempo y los universos paralelos. ¿Pero qué nos dice que no es mi cronómetro? El mismo que habríamos estado llevando a todos esos sitios y el que ha estado con nosotros desde el principio. ¿Entiendes a lo que me refiero?
C- Déjame ver tu cronómetro.