lunes, 28 de febrero de 2022

Sierra de los Infantes

El recluta Tumbili jugueteaba con las sombras que se proyectaban entre sus dedos de la luz solar que entraba a través de las hojas de un frondoso golieno. Una suave brisa acariciaba sus pies desnudos y la pradera lucía hermosa.

El recluta notó que los párpados le pesaban ligeramente y los cerró durante unos momentos, ocioso. Cogitó sobre leves cosas y suspiró. Decidió incorporarse. Un golo maduro colgaba junto a su cara. Sin hambre y por mero capricho, torció el cuello, abrió ampliamente la boca y mordió el rojizo fruto. Masticó despacio y tragó. Miró al golo e hizo un brevísimo ademán como para volver a tomar un mordisco, pero no lo hizo. Entonces, el recluta Tumbili nos devolvió la mirada y dijo:

- Biolóyika.