No era extraño ver al recluta Vinke surcando los cielos con la exclusiva propulsión de sus brazos y piernas al desnudo.
Desde que lo conocí, siempre había mostrado un interés abrumador por la aerodinámica del cuerpo antropomorfo. Su obsesión lo llevó a trabajar largo y duro, practicando día tras día de forma infatigable, hasta que finalmente aprendió a volar.