sábado, 31 de julio de 2021

Cabe, dicen

Desde el primer instante en el que la aguda mirada de Chokté-Chok-San se posó sobre uno de aquellos cuadrúpedos gigantes, se originó en él una ambición obsesiva por matar uno. Su determinación obligó al clan entero a volver sobre sus pasos para seguir a la manada a través de los vientos esteparios. Al ser de una inmensidad superior al poder de sus armas, Chokté-Chok-San tramó una elaborada estrategia con sus mejores cazadores para separar a una de la criaturas del resto de su grupo, conducirla a la cumbre de una empinada ladera y despeñarla desde lo alto.

Fue con gran dificultad y riesgo que Chokté-Chok-San y los suyos se enfrentaron a las bestias violentadas. Por desgracia, el sobrino de Chokté-Chok-San cayó sobre unas piedras y se rompió dos dedos, pero finalmente lograron separar a una joven hembra de la manada mediante punzadas, amenazas y astutos amagos. Del mismo modo, la condujeron colina arriba como planeado, a pesar de que la gran criatura, ya notablemente ensangrentada, se revolvió ferozmente y se detuvo en varias ocasiones, quizá por agotamiento. Ineludiblemente, los expertos cazadores lograron que se precipitara por el despeñadero. Cayó con un estruendoso berrido, tras lo cual hubo silencio.

Los hombres de Chokté-Chok-San comenzaron a celebrar el éxito, pero éste permaneció serio y encabezó la bajada. Encontraron a su presa contorsionada, en un charco de sangre lodosa, respirando con gravedad sus últimos alientos. Chokté-Chok-San se arrodilló junto al animal y, juntando las manos en señal de respeto, proclamó:

- Querida y noble criatura, mi nombre es Chokté-Chok-San, hijo del cuarto de luna Chokté-Ue-Gun, padre de los Personas Azules. Te hablo desde el interior y te pido no nos guardes tu rencor. No mantengas dolor contra nosotros ni quieras nuestro mal, te ruego. Somos unas personas de camino a la tierra de Fō y, en el trayecto, tu grueso pelaje nos protegerá de los vientos. La carne de tus fornidos lomos, sea rica, nos nutrirá. En tus intestinos transportaremos cosas y con tus dientes jugarán nuestros niños. Nunca te olvidaremos, pues con tu sangre contaremos tu gloriosa muerte. Solo una cosa de ti no requerimos, ese espíritu tuyo, condúcelo hacia los astros, te encomiendo, elévalo al monte Wendao y no lo hagas permanecer. No lo hagas perseguirnos con venganza. Olvida tu dolor ahora y perdona nuestra afrenta ahora. Sé en gloria y en paz, como en gloria fuiste y en paz serás. Así te lo pide Chokté-Chok-San, hijo del cuarto de lu...

Entonces una gravísima voz emergió del mastodonte caído que todos oyeron:

- Odiosas personas, escuchad mis palabras y sufrid eterno pavor. Yo os maldigo. Viértase todo mi negro odio y atroz cólera pues no habrá paz ni descanso mientras mi insaciable rencor perdure. Yo os maldigo. Mi desdén contra vosotros es terrible e infinito y mi calavera aplastará vuestros vacíos corazones. Yo os maldigo.