viernes, 30 de abril de 2021

Lanabauma

Nadie esperaba que la reina Tes-Ambé-Pobá fuera a mostrar su apoyo con tal ímpetu. Contra todo pronóstico, los atletas que competían en representación de su reino habían superado prueba tras prueba, venciendo a todos sus rivales hasta alcanzar la disputa final del torneo. La racha había levantado esperanzas e insuflado grandes ilusiones, tanto en los jóvenes competidores como en su monarca, que no escatimó en esfuerzos para animar con fervor a los suyos en cada encuentro, bajo sol, viento, lluvia o nieve.

Perdieron la final. Mientras los rivales ganadores celebraban su triunfo en un extremo del estadio, los de Tes-Ambé-Pobá, cabizbajos, entre algunos sollozos y lamentos, se colocaron en fila frente al comité de oficiales para la ceremonia de subcampeones. Umbe Gogovic, el capitán del equipo, había competido con valentía. Sus ropajes embarrados y rasgados contaban la historia de su sacrificio sobre el terreno de juego. Miraba al suelo.

"¿Al final todo esto para qué? Habría sido mejor que nos eliminaran al principio. Fue un error pensar que podíamos..."

Interrumpió entonces su cogitación una imponente figura que se detuvo frente a él. Alzó la mirada y se encontró con los ojos de Tes-Ambé-Pobá. No era común estar tan cerca de la reina, ni mucho menos tener contacto visual con ella. Gogovic observó que estaba descalza y vestía con simpleza los colores de su equipo en lugar de los atavíos reales. Su peinado estaba empapado por la lluvia.

- Alteza...

Entonces, para sorpresa de todos los presentes, la reina extendió por completo los brazos y los envolvió alrededor de Gogovic aferrándolo con fuerza. El apabullante gesto de cariño sorprendió al joven de tal modo que no pudo contener las lágrimas mientras la reina lo sostenía contra su busto y lo mecía ligeramente de un lado a otro.

- Me has hecho sentir muy orgullosa. Vosotros sois mis campeones. Estoy muy orgullosa...

Gogovic casi perdió la noción del tiempo, pero tras un rato así, la reina tomó su rostro y le propinó una serie de seis besos por toda la cara. Le acarició la frente y, suavemente soltándolo de las manos, dio un paso atrás. Uno por uno, continuó entregando semejantes muestras de afecto y ternura a todos y cada uno de sus atletas. Y éstos jamás lo olvidaron.