La canción dormida es cosa del pasado. Petates o patatas, yo qué sé, se agolpan impidiendo todo paso de avío precursor. No fue hasta que sacamos las migrañas que pudo haber limbo para todos, el cual necesitábamos como la oveja necesita a la vieja. Pero... ¡paf! ¿Dijo qué? No me hables sin saber. No me toques sin venir. No me sobes sin dormir. Pronto lo sabremos, digo yo. ¿Dice quién?