Los habitantes de Eluhuanjairo habían demostrado una inmensa devoción por su Profeta. Habían esperado con paciencia durante treinta y tres largos días bajo el inclemente sol que había tornado amarilla toda la vegetación de la zona. Cientos de pequeñas cabañas y refugios improvisados se extendían por los alrededores del hogar de las mellizas, donde el Profeta había permanecido desde que regresó a la provincia.
Fitz, un hombre corpulento y barbudo, se encontraba en una de las cabañas ofreciendo cucharadas de sopa a su madre, cuya avanzada edad impedía ya alimentarse por sí sola o reconocer siquiera el rostro de su hijo. Sonó un cuerno en la distancia y Fitz permaneció inmóvil unos instantes. Oyó aplausos y el vocerío de mucha gente entusiasmada. Dejó la sopa sobre el regazo de su madre y le dio un beso en la frente. Se puso su sombrero y salió de la cabaña de inmediato.
- Vuestros hijos serán sodomizados.