lunes, 31 de agosto de 2015

Sans

De algún modo fui transportado a una dimensión cuyas leyes físicas eran completamente distintas a nada que hubiera visto antes.  El horror que presencié cambió mi forma de cogitar para siempre.

Luces parpadeantes y explosiones de colores; gritos feroces y sacudidas sísmicas.  Extraños animales antropomórficos y extravagantes individuos con todo tipo de tecnologías y armamento mágico combatiendo a velocidades vertiginosas.  La escasa fuerza de la gravedad no impedía a esos seres desplazarse, esquivar y golpearse unos a otros con extraordinaria agilidad y reflejos.  La mecánica con la que funcionaba la violencia era de lo más perturbadora; a pesar de estar enzarzados en tan cruenta batalla, no había sangre ni magulladuras visibles en esas criaturas.  No había perforaciones en sus cuerpos ni miembros cercenados pero cada vez que uno era alcanzado por una ofensiva salía despedido por los aires, con más fuerza cuanto mayor era la potencia del impacto.  En ocasiones, eran arrojados tan lejos que desaparecían a la vista, pero siempre regresaban para continuar combatiendo.

Observé la espantosa realidad y a esas formas de vida durante algún tiempo.  Y antes de que pudiera darme cuenta me había convertido en uno de ellos.