viernes, 30 de septiembre de 2011

Colmillo de ángel

Tras cruzar los ruinosos muros y eludir la detección logré infiltrarme en la caverna de mando. Allí pude observar todo tipo de actividades de preparación bélica típicos de la antigua civilización imperialista de Sukraia. Desde sus psicóticos entrenamientos militares y juramentos de destrucción hasta los ritos necrománticos y orgías de sangre. Más adelante encontré una planta de fabricación de armas eteocléicas.

Entonces, al presenciar esta amenaza neosukraiana, supe que se trataba de la prueba inequívoca de que una época de tremendas guerras y terribles catástrofes se aproximaba. Masacres a gran escala. Violencia y crueldad en su forma más macabra. Una época llena de muerte, demencia y brutalidad.

No pude evitar sentir cierto regocijo.