jueves, 27 de agosto de 2009

El fuerte disparo

Hace unos años, mientras caminaba penitente por los nevados montes Turbanos, tuve un sueño:

Me encontraba en un aula, una clase.  En uno de aquellos lugares utilizados para el entrenamiento de pequeños humanos, son llamados colegios, hoy en día. Estaba rodeado de pupitres, y en cada uno había un niño. Todos vestían completamente de blanco. Miraban hacia delante, donde se encontraba el sargento que debía ser el encargado de su entrenamiento. Éste les explicaba:
-...y recordad que el único y verdadero camino hacia la victoria es mostrando, mediante la mirada en vuestros ojos, voluntad, lealtad, valor y fortaleza para vencer al Mal. En el nombre del Bien, por supuesto.
Cuando acabó de decir estas palabras todos los pequeños unieron sus voces y repitieron disciplinadamente: "voluntad, lealtad, valor y fortaleza". Todos excepto uno. El entrenador lo notó.
-Número 787, ¿porqué no has repetido la lección con tus compañeros?  Número 787 permaneció en silencio, cabizbajo unos instantes. Entonces se reincorporó y proclamó:
-Disculpe, sargento, pero tengo una duda.
-Adelante.
-¿Cómo debemos distinguir el Bien del Mal?
-Eso es muy sencillo. Ya deberías saberlo a estas alturas. Bueno, ¿quién quiere recordárselo a Número 787?  
Muchos alzaron el brazo en señal de pedir la palabra. El sargento señaló a uno.
-Número 799. ¿Cómo distinguimos el Bien del Mal?
-El Bien siempre es blanco y el Mal es negro.  
El sargento miró a Número 787 y le preguntó.
-¿Te ha quedado claro?  Número 787 asintió apresuradamente.
-Bien, antes de proseguir, ¿alguien más tiene alguna pregunta?  La clase quedó inmóvil y en silencio durante unos instantes. Número 787 alzó la mano.
-¿Otra vez?
-Sí, sargento.  
El sargento vaciló unos momentos y luego dijo:
-Bueno, adelante. Formúlala.
-Pues... Siendo nosotros el Bien y nuestros enemigos el Mal, ¿no deberíamos, en lugar de convivir con ellos, tratar de destruirlos para conseguir la victoria?  
El sargento quedó boquiabierto por un momento. Luego, con el ceño fruncido y la mirada fija en Número 787, avanzó unos pasos entre los pupitres, puso la mano en su hombro, y sin apartarle la vista contestó:
-Eso sería inútil. Por el simple hecho de que no puede existir el Bien sin el Mal, y viceversa, claro.  Entonces, apartó la mano de su hombro, y mientras volvía a la parte delantera del aula dijo:
-Además, el Mal, como he dicho antes, siempre parte desde un principio del Bien.  Justo cuando acabó la frase, justo mientras pronunciaba ese ultimo "Bien" sonó un disparo fortísimo por toda la clase.

Desperté.