He de reconocer que aquellos gigantescos asteroides costeros que vimos anoche despertaron en mi interior un fuerte sentimiento de nostalgia, interrumpido en cuatro ocasiones por una mezcla de furia destructora, jaqueca e hipersexualidad, que a su vez contenían intermitentes interludios psicodélicos, señal de la más clara y absoluta incompetencia y religiosidad ferviente.
lunes, 28 de febrero de 2011
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