martes, 15 de diciembre de 2009

Eixeócrito era homosexual

Ataca sigilosa pero contundentemente este gélido bastardo. Descuidé la guardia y volvió a dispararme en la espalda. Pero resistiré. Además, yo soy más fuerte y ambos lo sabemos. Volveré a alzarme glorioso con la victoria hasta la próxima contienda. Aunque también sabemos los dos que no seré tan fuerte para siempre y que algún día, cuando me debilite, mi eterno enemigo Frío estará ahí para rematarme. O al menos para presenciar su larga y esperada victoria a la que nunca renunció. Pero de momento sigo fuerte.

Sigo fuerte y andante con un ritmo allegro presto. Ya he cruzado algunos baches y el camino sigue limpio y liso de momento. Esto debería alegrarme o satisfacerme, pero no debo olvidar que estos baches, profundos pozos o majestuosas montañas, son una ilusión. No puedo permitirme creer que el camino liso será sólido. He acabado aborreciendo las absurdas discusiones sobre si el camino es recto, zigzagueante, circular, cuesta arriba o directo al Infierno. Búrlome de todo ello. Sé que ni siquiera debo atenerme a lo que sé, pues es información contradictoriamente lógica (y lógicamente contradictoria). Me mantendré en la sabiduría para ignorantes, pues es cual periódico que me entretiene mientras defeco.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Canción juglaresca

En un sistema.

Donde las velas duran poco.
Donde la autoridad es la verdad en lugar de la verdad la autoridad.
Donde los pájaros jilgueros croan y las ranas del desierto tocan el violoncelo.

Todo depende del punto de vista desde el cual se mira.
Todo es relativo.
Nada es imposible.

Nada es posible.

Háblame de contradicciones.
Reza un poquito.
Háblame de dadaísmo, ateísmo, dualismo, exorcismo, nihilismo.

Todo es una ilusión.
Todo es una ilusión.
Tan solo una ilusión.
Nada más que una ilusión.
Una ilusión.
Ilusión.

Ilusión.

Cortinas de humo.
Cortinas de tela, o de hierro.
Sábanas veraniegas.

Vuelve a la cama, hijo querido.
Buenas noches, soñarás con angelitos.
Duerme.

lunes, 26 de octubre de 2009

Dime con quién vas y te diré tu talla de calzado

Todo este asunto sobre la valerosa heroicidad de las castañas me recuerda a la época en la que solía hacer misiones interespaciales acompañado de dos reclutas asignados a mi mando:

Sus nombres eran Joseph Centaurov y Luigi Suzzi. El recluta Centaurov, cuyo nombre se debía pronunciar "Kentaurov" (como repetía él cada vez que alguien erraba al decirlo tal cual se leía en su tarjeta) era un hombre alto, con cejas bajas, ceño y mentón pronunciados, ojos pequeños y cabello negro verdoso. De complexión fornida, tenía manos y pies relativamente grandes. En su perfil psicológico, que se me había facilitado, constaba que era de carácter tenaz, diligente y disciplinado, aunque destacaba también su dificultad para la improvisación en momentos de urgencia y su falta de creatividad. Su sabor favorito de chicle era el de piña con lentejuelas redondas. Realmente le encantaban esos chicles; era adicto a ellos.

Luigi Suzzi destacaba físicamente por su corta estatura, aunque no dejaba de ser corpulento, debía medir poco más de 1710 milifalgos, tenía la cara redonda, los ojos azules verdosos (aunque posteriormente averigüé que en verdad los tenía anaranjados, por lo que utilizaba lentillas) y orejas de soplillo.  Lo único que constaba en el archivo de perfil psicológico de Luigi Suzzi era el hecho de que jamás se había presentado a los tests de registro a pesar de haber sido convocado en numerosas ocasiones, lo cual ya decía mucho sobre él.  Tal y como yo lo percibí, Suzzi era por naturaleza un tipo amigable y extrovertido, tenía un sentido del humor original; sabía sacarle a cada situación un lado de irónica neutralidad y lógica insignificante. Cabe mencionar que el recluta Suzzi tenía en algunas ocasiones cierta tendencia a la holgazanería.

A pesar del evidente contraste, tanto psíquico como físico, los reclutas Centaurov y Suzzi eran grandes amigos.  Teníamos mucho tiempo libre en la nave mientras viajábamos a otras galaxias, y como consecuencia a menudo tenían extraordinarias conversaciones con las que podría llenar unidades informáticas enteras. En ocasiones era molesto el hecho de que no dejaran de hablar, e incluso les ordenaba guardar silencio cuando sobrepasaban el límite de lo soportable para un mamut. He aquí un ejemplo de un diálogo entre los reclutas:

Suzzi- Eh, Joseph, despierta... ¡Joseph!
Centaurov- ¿Qué pasa?, ¿qué quieres?
S- Bueno, no es nada demasiado importante, pero es que... ¿Recuerdas aquella figurita de plomo que me compré en una tienda de sourvenirs en el planeta Korbata, sistema 49P? Esa que tenía como forma de monje turetano que el Teniente solía usar de pisapapeles...
C- Sí, la recuerdo, ¿qué pasa?
S- Pues que no la encuentro. He buscado por toda la nave, y nada. ¿La has visto?
C- ¿Ya no la está usando el Teniente?
S- No. Se lo he preguntado. Además, recuerdo que me la devolvió hace tiempo.
C- ¿Por qué me tienes que despertar para semejante estupidez?
S- Me gustaba bastante, además estaba muy bien hecha.  ¿Te acuerdas de cómo se le ondulaban los ropajes al monje con el simple tacto, a pesar de ser plomo?. Además, no era barata, la figurita, que digamos.
C- ¿Has buscado en la sección Q?
S- Por encima.
C- Pues busca más a fondo.
S- Ayúdame.
C- ¿Qué?
S- Ayúdame a buscarla, por favor...
C- ¿Tan importante es?
S- De verdad que me gustaba. Desde el momento en el que la vi en la tienda supe que debía tenerla.
C- Sigo sin poder creer que me hayas despertado para esta tontería.
S- Vamos, Joseph, necesito tu ayuda para esto.
C- ¿Y no podías haber esperado a que me levantara?
S- Era una figura realmente bonita...

Así de trascendentes podían llegar a ser sus temas de conversación. Había otra conversación que quería inmortalizar pero la he olvidado. La grabaré otro día si llego a recordarla.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Viejo enemigo

71 de Septiembre del 20.009
El Frío. Frío infernal, ya que para mí el Infierno es gélido.
He visto salir el vaho de la boca de un perro moribundo esta mañana.
Ha llegado pronto. El Frío ha utilizado el factor sorpresa. Esta misma puta mañana sufrí una emboscada a la luz del amanecer. Ha comenzado su terrible campaña militar.
Se vuelve más hábil con el tiempo. Normalmente, lo solía descubrir acechando. Hoy me ha alcanzado en los huesos.
Siento que me espera un duro invierno.

jueves, 27 de agosto de 2009

El fuerte disparo

Hace unos años, mientras caminaba penitente por los nevados montes Turbanos, tuve un sueño:

Me encontraba en un aula, una clase.  En uno de aquellos lugares utilizados para el entrenamiento de pequeños humanos, son llamados colegios, hoy en día. Estaba rodeado de pupitres, y en cada uno había un niño. Todos vestían completamente de blanco. Miraban hacia delante, donde se encontraba el sargento que debía ser el encargado de su entrenamiento. Éste les explicaba:
-...y recordad que el único y verdadero camino hacia la victoria es mostrando, mediante la mirada en vuestros ojos, voluntad, lealtad, valor y fortaleza para vencer al Mal. En el nombre del Bien, por supuesto.
Cuando acabó de decir estas palabras todos los pequeños unieron sus voces y repitieron disciplinadamente: "voluntad, lealtad, valor y fortaleza". Todos excepto uno. El entrenador lo notó.
-Número 787, ¿porqué no has repetido la lección con tus compañeros?  Número 787 permaneció en silencio, cabizbajo unos instantes. Entonces se reincorporó y proclamó:
-Disculpe, sargento, pero tengo una duda.
-Adelante.
-¿Cómo debemos distinguir el Bien del Mal?
-Eso es muy sencillo. Ya deberías saberlo a estas alturas. Bueno, ¿quién quiere recordárselo a Número 787?  
Muchos alzaron el brazo en señal de pedir la palabra. El sargento señaló a uno.
-Número 799. ¿Cómo distinguimos el Bien del Mal?
-El Bien siempre es blanco y el Mal es negro.  
El sargento miró a Número 787 y le preguntó.
-¿Te ha quedado claro?  Número 787 asintió apresuradamente.
-Bien, antes de proseguir, ¿alguien más tiene alguna pregunta?  La clase quedó inmóvil y en silencio durante unos instantes. Número 787 alzó la mano.
-¿Otra vez?
-Sí, sargento.  
El sargento vaciló unos momentos y luego dijo:
-Bueno, adelante. Formúlala.
-Pues... Siendo nosotros el Bien y nuestros enemigos el Mal, ¿no deberíamos, en lugar de convivir con ellos, tratar de destruirlos para conseguir la victoria?  
El sargento quedó boquiabierto por un momento. Luego, con el ceño fruncido y la mirada fija en Número 787, avanzó unos pasos entre los pupitres, puso la mano en su hombro, y sin apartarle la vista contestó:
-Eso sería inútil. Por el simple hecho de que no puede existir el Bien sin el Mal, y viceversa, claro.  Entonces, apartó la mano de su hombro, y mientras volvía a la parte delantera del aula dijo:
-Además, el Mal, como he dicho antes, siempre parte desde un principio del Bien.  Justo cuando acabó la frase, justo mientras pronunciaba ese ultimo "Bien" sonó un disparo fortísimo por toda la clase.

Desperté.

jueves, 2 de julio de 2009

Lo mismo es decir al contrario que morir al revés

Un rayo. Un rayo y medio me parta. Me encuentro caminando sobre la fina línea imaginaria que determina el límite de este insípido vergel de lo llamado "real". Es una línea recta, y yo camino sobre ella de tal manera que a mi derecha se encuentra todo aquello que existe, lo que conozco y aparentemente comprendo; aunque en el fondo sé que ni yo ni nadie lo comprende realmente. Mientras que a mi izquierda se alza glorioso y majestuoso el reino de Jarawii. Jarawii representa para mí el color blanco, el misterio, el olor a café frío y la nada.

Resulta imposible para mí ignorar las señales, olores y sonidos provenientes de Jarawii. Ejercen una grandiosa y palpitante atracción en mí. Así es. Deseo entrar en Jarawii. Las agudas y graves voces me dicen que me adentre. A cada paso que doy sobre la frontera, mi pie izquierdo trata de caer lo más hacia las nueve posible. Un poderoso viento sopla; no, no sopla, absorbe desde las profundidades de la esencia blanca. Incluso el cobarde y atroz dios del destino me empuja con su bastón desde lo alto de un manzano existente. Todo me indica que debo hacerlo. ¿Lo haré? Sé que la decisión es mía, mas poseo la férrea voluntad para continuar andando sobre el límite de nuestro vergel y nuestra nada cuanto me plazca. ¿Lo haré? ¿Pondré fin a mi recorrido sobre dicha frontera aquí y ahora? Cogitaré sobre ello.

Ya he cogitado suficiente. El sentimiento de atracción hacia Jarawii es extremadamente persistente. Pero he decidido que no me situaré a la izquierda de la línea. Mi conclusión carece de sentido, lógica y está demasiado afilada, por no mencionar el grave exceso de sal, ergo, ni intentaré explicarla. De todas formas, en situaciones como la presente, siempre considero de mayor importancia el "qué" que el "por qué". Definitivamente, no me adentraré en tales tierras imperecederas como las del reino de Jarawii.

martes, 23 de junio de 2009

Yo cogito, tú cogitas

Para facilitar la comprensión de este informe y la continuidad, o la destrucción definitiva, de la vida pseudointeligente sobre la faz de la Realidad Octodimensional y las que la rodean, es vital y urgente aclarar el significado del término "cogitar". La creación de esta palabra se debe a la necesidad de referirse a todo un complejo proceso mental.

Cogitar: vb. [coguitár] Término proveniente del latín cogitatio, cogitationis. Relativo al pensamiento. Acción de pensar y/o reflexionar y/o meditar profunda o superficialmente, objetiva o subjetivamente, sobre un hecho o dato concreto, o simplemente sobre los pensamientos que se encadenen sucesivamente para ser cogitados.