No recuerdo por qué volví a Gagüién, pero recuerdo que visité al recluta Oobri que había permanecido allí tras el gran desplazamiento de gentes en el que habíamos sido partícipes. Recuerdo que el recluta Oobri tenía ya una familia cuando vinimos a Gagüién por primera vez, sin embargo, jamás regresó y, en su lugar, había formado una nueva familia gagüienita.
Oobri no era parco en palabras y me habló con detenimiento sobre la emergente nueva cultura gagüienita, su evolucionado idioma y la riqueza de sus géneros musicales de considerable influencia. Sin embargo, me relató también la trágica historia de su nueva gente desde que los condujimos allí hace diez generaciones y su actual sufrimiento. Compartió conmigo un poema que había escrito al respecto, aunque solo recuerdo la primera parte de su traducción:
Violentados hasta irracionalizar,
secuestrados y forzados,
embrutecidos, maltratados.
Hechos estúpidos atontados,
imbecilizados sin luz,
perdedores olvidadores de pena.
Ejercida crueldad,
fueron causados necios.