Recorro tierras de un sistema conquistado en el pasado camino al viejo cuartel, absorto en mis cogitaciones de melancolía y destrucción. Oigo una voz que me llama entre la multitud. Busco. No encuentro hasta que un brazo se eleva y saluda. La dueña del brazo: una joven monarca de un pequeño reino cercano, aliado a nuestro bando durante la guerra, acompañada por sus sirvientas. Están todas sentadas bebiendo zumo plácidamente. Devuelvo el saludo con cortesía y me dispongo a retomar mi camino. Me vuelve a llamar, invitándome a acompañarlas. Tras una rápida cogitación, decido acercarme para charlar unos instantes. Amablemente y por simple curiosidad, me cuestiona sobre los conflictos actuales, la política de la Distorsión y sobre algún que otro recluta que recuerda de la guerra.
Le hablo sobre la rebelión racista del sistema Eikegeros, el Duque de Drus y su tratado sobre el Aislamiento Distorsionado y finalmente sobre el recluta Julliheliphavronzhallaiah y su reciente adicción al sarf electrónico. Petra-Hel II, o Tzairabeei, como se llamaba ella antes de ser coronada, me recuerda su disposición y su buena voluntad de ofrecer apoyo para cualquier noble contienda en el futuro.
Es poco probable que algún día necesite su ayuda.