domingo, 23 de enero de 2011

Ignocentrismo para las masas

Aéogor, un híbrido de cocodrilo y mandril, sostenía a la niña entre sus terribles garras. Su monstruoso rostro reflejaba una singular ternura mientras miraba a la pequeña durmiente. Muy despacio, apartó un mechón de cabello rubio y acarició suavemente su mejilla. La pequeña reaccionó al gesto de cariño entreabriendo sus ojos cristalinos. Ambos se miraron con eterna dulzura.
-Qué bonitos ojos tienes, niña querida.
Se esbozó una sonrisa en el pálido rostro angelical. Y de nuevo se le cerraron los párpados por el cansancio.
-Duerme, niña querida, duerme.