jueves, 9 de diciembre de 2010

Tiempo

Ayer, mientras cogitaba sobre ciertos temas apocalípticos, me encontré por casualidad con un viejo veterano que combatió bajo mis órdenes en un escuadrón de infantería tiempo atrás, durante las Guerras Tartagónicas. Su nombre es Julliheliphavronzhallaiah, pero todos le llamaban recluta Rubio, aunque a mí siempre me ha parecido más bien pelirrojo.

Como decía, me lo encontré en medio de una cogitación, pero la cancelé y decidí interactuar con él. Tardó unos momentos en reconocerme, pero entonces me recibió de buen agrado. Al poco rato de parlotear afablemente insistió en invitarme a una bebida cleurotónica para hablar más y recordar viejos tiempos.

Tiré el líquido y me comí el vaso de vidrio verdoso. El recluta Rubio hablaba sin parar. Me contó de cabo a rabo toda su vida (antes, después y durante el servicio militar), la vida de sus padres, la de sus cuatro hermanas, la de sus abuelos maternos y la de su abuela paterna. Pero justo cuando estaba empezando con la de su abuelo paterno rompió en llanto inesperadamente. Entre lágrimas y balbuceos me explicó que había omitido un dato importante sobre su propia vida: estaba casado con un canario naranja fosforescente llamado Aburrimiento.

Resulta que desde hace unas semanas Aburrimiento no volaba nada. No sólo no volaba, sino que no se movía en absoluto; ni se sostenía en pie. Simplemente estaba tumbado, inmóvil, con los ojos entreabiertos todo el día. Ni siquiera comía, ni bebía, ni defecaba, ni pestañeaba, ni mascaba, ni ninguna otra de las actividades vitales. El recluta Rubio estaba muy preocupado. Me decía que aunque tratara de forzarle el alimento por el pico no intentaba tragar, y que por mucho que lo lavaba cada vez olía peor.

Le pregunté al angustiado veterano si Aburrimiento respiraba. Después le pregunté si había notado si le seguía latiendo el corazón. Ambas respuestas fueron negaciones. También le pregunté sobre la densidad exacta de su plumaje y sobre las costumbres reproductivas de los canarios naranjas, pero no supo darme una respuesta concreta. Cogité unos momentos sobre el asunto y concluí con que todos los síntomas indicaban que con toda probabilidad Aburrimiento había desarrollado alguna variante animal del Síndrome de la Espiral Megalomaníaca Psicopatocatatónica Espiritual Retroparanoide (SEMPER).

Le expliqué al recluta que al padecer de SEMPER, los sentidos extrasensoriales del sujeto se agudizan hasta el punto en el que bloquean totalmente todos los demás sentidos, además del sistema nervioso y todo el resto de órganos (a posible excepción del páncreas y del riñón derecho), pero que a su vez, crea un trastorno espacio-temporal en el subconsciente e incrementa las habilidades cognitivas y deductivas en valores incalculables. De forma que a pesar de la aparente inactividad del sujeto, en realidad, se ha convertido en un ser prácticamente omnipotente. A partir de ahí, no es posible ni averiguar ni predecir ni comprender el motivo o la causa por la que no se produce uso aparente de ese ilimitado poder en ningún momento. Se cree que durante los primeros días de desarrollo del SEMPER el sujeto pasa por la denominada fase Zeitgeist. A lo largo de esta fase prematura del síndrome el enfermo sufre durante periodos cortos e irregulares una serie de alucinaciones psicodélicas religiosas acompañadas de fuertes sensaciones de angustia, éxtasis eufórico, cólera destructiva y un dolor agudo en la zona escrotal que ha sido comparado con el de la castración con motosierra (asombrosamente el género femenino también es capaz de sentir este dolor). Todas estas emociones son intensificadas por el mareo proveniente de la sensación de estar girando a velocidades astronómicas sobre un eje invisible. Con el tiempo, la percepción de tal rotación causará irremediablemente un agujero negro que absorberá al sujeto por los pies hasta la altura del ombligo, para entonces permanecer en esa posición y girar tan sólo unos pocos grados en el sentido contrario a las agujas del reloj cada periodo de sensaciones (lo cual explicaría el creciente hedor a putrefacción que comienza a despedir el cuerpo llegado a este punto). En ese momento, la fase Zeitgeist finaliza y se regula de forma que dichos periodos de actividad extrasensorial se producirán de forma sistemática, a modo de ciclo, lo cual los hace predecibles. Recientes estudios afirman que todos los enfermos de SEMPER se encuentran en comunicación constante con el fin de tramar laboriosas conspiraciones contra todos los seres vivos e inertes de la Realidad Octodimensional, y otras. Aunque esta hipótesis fue recibida con gran escepticismo por la sociedad cientifico-espiritual.

Cuando acabé de explicarle mis cogitaciones sobre el estado de Aburrimiento al recluta Rubio me dí cuenta de que su preocupación no había hecho más que crecer. Se había quedado inmóvil y me miraba gravemente. Me percaté de una gota de sudor que corrió por su sien y atravesó su rostro hasta quedar colgando de su barbilla. La seguí observando, y tras dar algunos avisos, finalmente se despegó de su dueño y cayó verticalmente hacia la mesa. No llegó a tocarla. La gota se frenó en seco y quedó levitando en el aire a unos pocos dyolios de la mesa. El recluta Rubio bajó la mirada, enajenado, y al ver lo ocurrido sentenció solemnemente:

-El Valhalla me espera.