Hay un sociópata en la piscina. Me mira fijamente. Lleva dos días, tres horas y cuatro segundos así. Inmóvil. Impasible. Sin pestañear. Alguien ha debido golpearle en la cara; tiene un ojo morado. Me basta con ver su expresión para saber que este soldado no es ningún marica.
Se mueve. Habla:
-¿Qué hora es?
Momentos más tarde, comienza a mover el brazo. Muy lentamente, saca un reloj de su bolsillo, lo mira y me lo enseña.
-Es la hora de los ocho eclipses.
Entonces me percato de los ocho eclipses que brillan en el firmamento. Los miro y ellos sonríen y apartan la vista ruborizados.
Se mueve. Habla:
-¿Qué hora es?
Momentos más tarde, comienza a mover el brazo. Muy lentamente, saca un reloj de su bolsillo, lo mira y me lo enseña.
-Es la hora de los ocho eclipses.
Entonces me percato de los ocho eclipses que brillan en el firmamento. Los miro y ellos sonríen y apartan la vista ruborizados.