lunes, 26 de octubre de 2009

Dime con quién vas y te diré tu talla de calzado

Todo este asunto sobre la valerosa heroicidad de las castañas me recuerda a la época en la que solía hacer misiones interespaciales acompañado de dos reclutas asignados a mi mando:

Sus nombres eran Joseph Centaurov y Luigi Suzzi. El recluta Centaurov, cuyo nombre se debía pronunciar "Kentaurov" (como repetía él cada vez que alguien erraba al decirlo tal cual se leía en su tarjeta) era un hombre alto, con cejas bajas, ceño y mentón pronunciados, ojos pequeños y cabello negro verdoso. De complexión fornida, tenía manos y pies relativamente grandes. En su perfil psicológico, que se me había facilitado, constaba que era de carácter tenaz, diligente y disciplinado, aunque destacaba también su dificultad para la improvisación en momentos de urgencia y su falta de creatividad. Su sabor favorito de chicle era el de piña con lentejuelas redondas. Realmente le encantaban esos chicles; era adicto a ellos.

Luigi Suzzi destacaba físicamente por su corta estatura, aunque no dejaba de ser corpulento, debía medir poco más de 1710 milifalgos, tenía la cara redonda, los ojos azules verdosos (aunque posteriormente averigüé que en verdad los tenía anaranjados, por lo que utilizaba lentillas) y orejas de soplillo.  Lo único que constaba en el archivo de perfil psicológico de Luigi Suzzi era el hecho de que jamás se había presentado a los tests de registro a pesar de haber sido convocado en numerosas ocasiones, lo cual ya decía mucho sobre él.  Tal y como yo lo percibí, Suzzi era por naturaleza un tipo amigable y extrovertido, tenía un sentido del humor original; sabía sacarle a cada situación un lado de irónica neutralidad y lógica insignificante. Cabe mencionar que el recluta Suzzi tenía en algunas ocasiones cierta tendencia a la holgazanería.

A pesar del evidente contraste, tanto psíquico como físico, los reclutas Centaurov y Suzzi eran grandes amigos.  Teníamos mucho tiempo libre en la nave mientras viajábamos a otras galaxias, y como consecuencia a menudo tenían extraordinarias conversaciones con las que podría llenar unidades informáticas enteras. En ocasiones era molesto el hecho de que no dejaran de hablar, e incluso les ordenaba guardar silencio cuando sobrepasaban el límite de lo soportable para un mamut. He aquí un ejemplo de un diálogo entre los reclutas:

Suzzi- Eh, Joseph, despierta... ¡Joseph!
Centaurov- ¿Qué pasa?, ¿qué quieres?
S- Bueno, no es nada demasiado importante, pero es que... ¿Recuerdas aquella figurita de plomo que me compré en una tienda de sourvenirs en el planeta Korbata, sistema 49P? Esa que tenía como forma de monje turetano que el Teniente solía usar de pisapapeles...
C- Sí, la recuerdo, ¿qué pasa?
S- Pues que no la encuentro. He buscado por toda la nave, y nada. ¿La has visto?
C- ¿Ya no la está usando el Teniente?
S- No. Se lo he preguntado. Además, recuerdo que me la devolvió hace tiempo.
C- ¿Por qué me tienes que despertar para semejante estupidez?
S- Me gustaba bastante, además estaba muy bien hecha.  ¿Te acuerdas de cómo se le ondulaban los ropajes al monje con el simple tacto, a pesar de ser plomo?. Además, no era barata, la figurita, que digamos.
C- ¿Has buscado en la sección Q?
S- Por encima.
C- Pues busca más a fondo.
S- Ayúdame.
C- ¿Qué?
S- Ayúdame a buscarla, por favor...
C- ¿Tan importante es?
S- De verdad que me gustaba. Desde el momento en el que la vi en la tienda supe que debía tenerla.
C- Sigo sin poder creer que me hayas despertado para esta tontería.
S- Vamos, Joseph, necesito tu ayuda para esto.
C- ¿Y no podías haber esperado a que me levantara?
S- Era una figura realmente bonita...

Así de trascendentes podían llegar a ser sus temas de conversación. Había otra conversación que quería inmortalizar pero la he olvidado. La grabaré otro día si llego a recordarla.